domingo, 5 de diciembre de 2010

Señores pasajeros: “El Cuyano” fue tomado por sus empleados y partirá del andén número…

(Trabajo presentado para la materia "Agencia de contenidos" de Escuela Eter)

Dante Miranda, uno de los ferroviarios involucrados en el "robo" del Cuyano. Toma del documental "La próxima estación".



Para resistir las cancelaciones de los servicios ferroviarios de la década de los 90, cuatro ferroviarios emprendieron una misión con la cual pudieron haber terminado tras las rejas: se robaron un tren. ¿Qué fue de ellos 18 años después de la gran hazaña?



"Ayer fue testigo
de tu ilustre presente y hoy
aguardo seguro
que el milagro futuro
te devuelva al andén"
Luis Donoso, ferroviario y poeta.


Probablemente la mayoría de las personas no recuerdan que hicieron de su vida el sábado 14 de noviembre de 1992. Pero, sin duda alguna, ese día fue más que significativo para Dante Miranda, Jorge Romero, Esteban “Chicle” Coria y Hugo Rojas.
Los sábados previos a ese día, aprovechando que no había presencia policial los fines de semana, estos cuatro ferroviarios se reunían en una oficina de la estación Retiro de la línea San Martín a planear, en absoluto secreto, el más impensado de los robos: un tren.

Tal vez la palabra “robo” no tenga ese significado en este caso, ya que el objetivo de estos cuatro empleados era conseguir que se frenen los cierres de los ramales ferroviarios y las cancelaciones de los servicios, medidas impulsadas a través de los decretos del por entonces presidente de la Nación Carlos Saúl Menem.

Y el día llegó. El 14 de noviembre a las 20.30 decidieron llevar a cabo el osado plan: corrieron el tren “El Cuyano”, que cubría el trayecto Buenos Aires Retiro - San Juan, por la Línea San Martín. “Falsificamos telegramas internos para anunciar que ese día se iba a correr el tren, que ya estaba anulado. Pero habíamos puesto que por una decisión se lo dejaba correr una vez más”, explica el conductor del tren, Dante Miranda. Nadie en los días previos cuestionó esos telegramas y hasta se escribió en un pizarrón de Retiro que el tren partiría a las 20.30. Entonces los pasajes se fueron vendiendo con celeridad. “Vendimos los boletos viejos, los de cartón, ya que días antes el Ministerio de Transporte nos sacó una de las primeras computadoras que expendía el boleto electrónico” asegura.

“Todo marchaba según lo planeamos, pero al momento de armar el tren, se llevaron la locomotora titular (la que siempre llevaba el “Cuyano) a Santos Lugares, a unos 17 kilómetros de Retiro”, detalla Miranda. Pero lograron subsanar el traspié, maniobrando los cinco vagones que usaron para el hecho con una locomotora de la playa de mecánicos. Y consiguieron en el depósito de Retiro una locomotora similar a la que usualmente llevaba el tren: la Alco RSD 16 nº 8488, que se haría cargo de arrastrar este tren de resistencia. “Es posible que se haya filtrado algún dato, porque la titular quedó con custodia policial en la playa ferroviaria de Santos Lugares”, señala Miranda.

El brazo de la señal mecánica bajó, indicando que ya podían partir, a las 20.30 en punto. Con una linterna de guarda que les regalaron sus compañeros, los cuatro hombres partieron con el tren, entre la algarabía por estar logrando su cometido y la incertidumbre por lo que hubiera podido pasar a medida que las estaciones fueran llegando. “Íbamos charlando con nervios disimulados sobre lo que podía suceder, pero ya estábamos en la vía”, apunta Miranda, quien condujo en el primer tramo.

Al llegar a José C. Paz, debieron frenar porque tenían luz roja. “La guardia de ese lugar se nos acercó y nos dijo sabía que ese tren era trucho, pero que se solidarizaba con nuestra lucha”, apunta el ferroviario. Al frente de la locomotora vieron la luz verde que los invitaba a seguir y sumaron otra persona más a la causa.
De ahí en más, el personal de la empresa que reemplazó a Ferrocarriles Argentinos, FE.ME.S.A. , (Ferrocarriles Metropolitanos Sociedad Anónima) detenía el tren en cada estación, por lo que los cuatro ferroviarios debían negociar para seguir adelante. Estación tras estación lo fueron consiguiendo y así evitaron volver a Retiro.
En la estación Pilar la situación se puso realmente espesa. Unos 15 efectivos de la Policía Federal los esperaban para detenerlos. Allí, los cuatro “rebeldes” deciden contarles a los pasajeros que el tren era “trucho”, que sabían que estaban cometiendo un delito federal. “Parecía que nos quedábamos ahí nomás, pero los pasajeros se sentaron en la vía a pedir que siga el tren. ¡Y nos dejaron seguir!”, se entusiasma Miranda. Una situación similar les ocurrió en Junín (Miranda es de allí), un Comisario de apellido Pérez los paró y les ordenó devolver el tren a Retiro. Pero ellos argumentaron que si hacían eso, “el tren iba a volver prendido fuego por los pasajeros”, convertidos ya a esta altura en casi cómplices de los ferroviarios.

Doce horas después de la partida, el tren llega a Rufino, en la provincia de Santa Fe, donde Miranda y Coria, que falleció a principio de este año, habían quedado a cargo del tren, ya que los otros dos decidieron bajarse en Astolfi, pasando Pilar, en Buenos Aires. Ellos piden el relevo por el cansancio y los nervios; y allí otra dupla de conductores lleva el tren a destino.

A raíz de la relevancia que tuvo este hecho, el presidente Carlos Menem decide autorizar el funcionamiento del “Cuyano” por tres meses más. Miranda y sus compañeros tuvieron que dar explicaciones a las autoridades policiales y a la justicia sobre porqué habían llevado a cabo el osado “robo” y todo se encaminaba hacia un juicio. Pero el entonces diputado Lorenzo Pepe pidió, mediante una carta enviada al Poder Ejecutivo, que no los manden presos. De esa forma, pudieron evitar ser juzgados. Incluso la causa judicial que se les inició prescribió en 2002, ya que, según el propio Miranda, “se paró desde la política”.

Willy Bouillon, periodista de “La Nación”, le realizó a fin de ese noviembre una nota a uno de los ferroviarios involucrados en la corrida del “Cuyano trucho”. “Recuerdo que cuando entrevisté al autor del asunto, se mostró muy divertido con lo que había hecho y porque, como me dijo, ‘no hay legislación que condene el robo de un tren, así que no pueden hacerme nada’. Y era cierto. Por eso, pude entrevistarlo en un bar de la estación, mientras tomábamos un café. También se divirtió Marcelo Longobardi, que leyó íntegramente la nota por radio”, recuerda el periodista, que señala que esa nota se la dio para hacer Germán Sopeña, secretario general de redacción del diario por ese entonces. Surge de esto un dato curioso: Sopeña era un amante de los trenes y fue el autor del libro “La libertad es un tren”. Incluso, la sala de espera del Tren Patagónico en Bariloche hoy lleva su nombre.

Miranda, luego del hecho, renunció como conductor del Ferrocarril San Martín y luego de un año y medio de vivir haciendo changas, como él define, vio un aviso en el diario donde la empresa “Ferrovías”, operaria del ferrocarril de pasajeros Belgrano Norte, pedía conductores. “Me presenté y me tomaron. Hoy sigo trabajando y hace cinco años fundamos junto a unos compañeros el Movimiento Nacional Ferroviario (Monafe), desde el cual militamos en nuestro trabajo, no sólo en la representación sindical sino levantando la bandera de la vuelta de los trenes”, sostiene.
Esteban Coria murió este año de un cáncer. Miranda cuenta que luego del episodio del “Cuyano”, Coria se volvió representante gremial de “La fraternidad”, uno de los dos sindicatos ferroviarios. Durante mucho tiempo estuvieron distanciados ideológicamente, pero poco tiempo antes de fallecer Coria, ambos dejaron de lado esas diferencias. Hoy, la seccional de Santos Lugares del sindicato lleva el nombre de Coria.

Hugo Rojas y Jorge Romero también se fueron del ferrocarril, sólo que uno tomó el retiro voluntario y el otro fue despedido. Luego de esto, Miranda y Coria perdieron contacto con ambos.

La locomotora 8488 fue la que corrió el último “Cuyano”, el 9 de marzo de 1993, fecha en que venció la prórroga de Menem. Luego fue transferida a la operadora “Trenes de Buenos Aires” (TBA) y luego pasó a manos del concesionario “América Latina Logística” (ALL), donde actualmente arrastra trenes de carga para esa empresa.

Tal vez los molinos de viento eran en ese momento demasiado grandes o sus aspas giraban muy fuerte. Pero lo cierto es que cuatro ferroviarios cabalgaron contra ellos, sin dudar, a bordo del “Cuyano”. Y en los rieles quedó grabada esa lucha.
“Las cosas no salen como uno espera. Esperábamos otra reacción por parte de la gente y los gobernantes cuando nos llevamos el tren. Pero hoy nos damos cuenta en cada lugar que visitamos que el sentimiento por el ferrocarril vive en los pueblos y en su gente. Y que no se cansan de pedir por su vuelta”, expresa Miranda.

La ilusración que se publicó en el diario "La Nación", en ocasión de la publicación de la nota.

"El Cuyano" parte por última vez desde Mendoza el 3 de marzo de 1993. Credito: Mario Daniel Avila.

Vista lateral de la 8488. Crédito: Trainsargentina.

La 8488 con una FPD 7. Credito: Julio Pastine.

Los trenes, con nombres y números


“El cuyano” era uno de los “Grandes de Ferrocarriles Argentinos”, nombre que se utilizaba para designar a los servicios ferroviarios de larga distancia de la desaparecida empresa estatal. Cada servicio tenía dos números que lo identificaba según su destino. Así, el “Cuyano” era el tren 511/512. La primera cifra indica que es ascendente, es decir, que va ganado kilometraje a partir de la estación de partida, Retiro de la Línea San Martín en este caso. El segundo es el descendente, que indica la vuelta del tren desde su destino final a la estación de origen. Esta identificación numérica sigue vigente para los trenes que corren en la actualidad.
Otra particularidad es que los “Grandes”, por más que fueran al mismo destino, tenían diferentes números y nombres. Por ejemplo, “El marplatense” (103/104), “El Golondrina” (147/148), “Stella Maris”(149/150), “El Atlántico”(151/152), “Neptuno”(153/154), “Luciérnaga”(155/156) y “Lobo de Mar”(157/158) eran todos servicios con destino a Mar del Plata. Y también, a veces esos nombres indicaban las comodidades: mientras “El marplatense” corría con coches Pullman y Restaurant solamente, el resto lo hacía con Pullman, Primera, Clase Turista y Restaurant.
Estos son algunos de los servicios que desaparecieron:
Línea San Martín: “El Aconcagua” (565/566) de Retiro a Mendoza.
Línea General Mitre: “Mixto a Tucumán” (1015/1016) de Retiro a Tucumán.
Línea General Belgrano: “El Panamericano” (219/220) de Retiro a La Paz, Bolivia.
Línea General Urquiza: “Salto Grande” (307/308) de Federico Lacroze a Concordia.
Línea General Roca: “Lagos del Sur” (143/144) de Constitución a Bariloche.

Con respecto a los nombres, uno de los más curiosos es el actual servicio a Junín, conocido como “El Martita” (513/514). Según cuentan en el mundo del ferrocarril, el nombre se lo debe a Marta, una ex empleada que trabajaba en ese tren, aunque otras versiones señalan que la esposa de uno de los conductores de ese tren se suicidó arrojándose a su paso, junto el día en que su marido trabajaba, porque presuntamente él la engañaba.

Autores: Marian Pardo, Marylin Bustamante, Bruno Tessore, Mariana Salas, Alejandra Segovia, Mariano Santos Chamale.

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