sábado, 31 de julio de 2010

Hace 10 años, Favaloro se quedaba sin sueños

















(Nota escrita por mi para Diario San Vicente (http://www.diariosanvicente.com/) )

El 29 de julio de 2000, René Favaloro, uno de los médicos más destacados del siglo pasado, tomaba una trágica decisión: acorralado por las deudas que su fundación tenía, decidió acabar con su vida de un disparo certero al corazón. Ese órgano, al que le había dedicado su carrera y su pasión.

Las crónicas sobre su muerte son elementales: vista la precaria situación económica de la reconocida "Fundación Favaloro", el médico le pide ayuda al entonces presidente Fernando De la Rua. Al no recibir una pronta respuesta, decide suicidarse.

Pero, por costumbre, por cultura, por ignorancia o por cual sea el motivo, la conciencia nacional no se molesta en rescatar la vida de los hombres de bien, cuya representación pareciera agotarse en quienes están inmortalizados en monumentos. Muchos reconocen a Mariano Moreno, a San Martín, a Manuel Belgrano y a tantos otros como héroes y como forjadores de la Nación. Pero poco se recuerda a hombres honrados, que sirvieron a la causa humana con sus existencias. Arturo Illia recibe la indiferencia de muchos por ser ejemplo de honestidad y Favaloro corre la misma suerte, aunque se sepa que la suya fue una vida dedicada a salvar vidas: el by pass revolucionó las cirugías cardíacas.

La Ordenanza Nº 3233 del 3 de agosto de 2000 promulga el emplazamiento del nombre René Favaloro a la plazoleta ubicada detrás del Hospital Ramón Carrillo, en calle Virrey del Pino. Tan pronto homenaje, hizo suponer que la memoria de este virtuoso hombre de la medicina iba a quedar presente en la cultura sanvicentina al menos. Nada más alejado de la realidad: años después, la plaza ya evidenciaba signos de no estar bien cuidada, situación que poco ha cambiado.

Hombre polémico, pero con fundamentos. A pocos les caía en gracia que dijera en televisión que había que cerrar la Facultad de Medicina por unos años, debido a que los hospitales estatales, donde los recibidos hacen residencias, estaban desbordados y con capacidad limitada de recibir y formar a los futuros médicos, por la escasez de recursos.

"(..) Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las indicaciones de su cardiólogo. ¿Doctor, usted sigue operando? y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo, con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre. Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional. Concurren a los Congresos del American Collage o de la American Heart (...) allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna lecture de significación. Así ocurrió cuando la de "Paul D. Whitelecture" en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el sistema y el dinero es lo que más les interesa. La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar." denunciaba en la carta que escribió momentos antes de morir. y prosigue: "...La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tare realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir no hay camas disponibles. Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata. (...) No puedo cambiar. (...) El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano (...)".

Antes de finalizar su carta, pidió que sus cenizas fueran tiradas en los campos de Jacinto Arauz, el pueblo donde ejerció como médico rural al inicio de su carrera.

A lo largo de su trayectoria, Favaloro reiteró: "El día que me quedé sin ilusiones, prefiero desaparecer". Muchos políticos y "profesionales" han de tener latente en su olfato hasta el fin de sus días el olor a pólvora del arma que empuñó Favaloro.

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