viernes, 19 de marzo de 2010

Algunos videitos

Les dejo un par de videos que filmo mi fiel Nokia 5300.

Un abrazo!

Toshiba por Longchamps

9082 con el 335 por Korn

9082 con el 335 por Longchamps

200 años, no es poco en que pensar...

viernes, 12 de marzo de 2010

Al amanecer, vía Quilmes


El mundo no duerme de noche. Si lo hiciera, todo lo que se mueve reposaría al menos un instante. Pero no. Todo late a un ritmo menor, señal que no descansa.


La punta del andén 10 de Constitución abrigaba en la oscuridad la silueta inmóvil de una locomotora: la 712. Eran las 4.30. Llegue hasta ahí con Maxi, mientras intercambiábamos vivencias vacacionales. “Subí y esperame. Voy a buscar algo y vuelvo”, me dijo. Trepé por la trompa larga de “Gisella” (así la llama los mecánicos), abrí la puerta y entré a la cabina. El olor me resultaba lejanamente familiar.

En la plataforma 11 un ayudante alistaba la 912. Unas idas y vuelta a la cabina más tarde, la imponente bestia despertaba con un rugido y se apaciguaba. Volvió Maxi. “Vamos a ponerla en marcha”. Explicaciones mediante, finalmente me ordenó que girara una perilla a la derecha, mientras él sujetaba el cebador. La 712 abrió los ojos.

El procedimiento de rutina incluyó una revisión del aceite, de los ventiladores de los motores de tracción, de las mangas de freno y de la visita de un mecánico. La locomotora estaba lista para conducir el servicio de las 4.38 a Bosques, vía Quilmes. Faltaba nomás el “socio de la yunta”, que llegó justo cuando el guarda daba la orden de partida. Miramos al frente y las luces de las señales emergían de la oscuridad, que ya a esa hora emprendía la retirada. Tomé lugar detrás de asiento del conductor, Maxi en esta vuelta, y me dispuse a ver y escuchar. A contemplar que teníamos por delante y a oír que cosas piensa un ferroviario cuando conduce: tenemos esta señal que nos da paso, ese paso a nivel tiene barrera automática, pasando ese laberinto cierro el controller, en fin. Cosas que en realidad pasan en silencio por su mente, sólo que esta vez las hacía palabras para que yo comprenda más sobre el universo de los rieles.

Las estaciones pasaban y dibujaban en ese tiempo el mismo paisaje: luces blancas asediadas por insectos que danzaban frenéticamente a su alredor. Y un par de personas con las manos en los bolsillos, otros con bolsos y mochilas; y una sensación de soledad, que sería sanada ni bien despunte el alba. La luz abandona los rincones más ocultos, los espacios entre las hojas de los árboles, y los transforma en tristes manchones negros que ansían dejar de serlo. Volví a tomarme un mate con agua bastante caliente.

Llegamos a Bosques y ya una vez invertida la locomotora, la trompa corta nos regalaba, a través de sus ventanas, los primeros rayos del sol. 20 minutos después, ya todo era más claro. Era el mundo el que despertaba ahora. Y vi la luz asomarse en el frente de la 712.

Repetimos el viaje a Bosques, mates y charla mediante, acompañados de galletitas. 10.12 de vuelta en Plaza. 10.22, el tren a Korn. Era yo el que ahora dormía.

P.D.: En realidad, en el viaje en la locomotora me quedé dormido cuando pasamos Berazategui. Al menos eso creo, porque logre hacer lago que sólo se me presentó en un sueño una vez.




La 712 en Bosques, a punto de partir a Plaza vía Quilmes











Esperando señal en Villa España



Saliendo de Sarandí



200 años, buen momento para re pensar la Patria.