miércoles, 15 de abril de 2009

mi bariloche querido

Quien les haya dicho que la noche anterior al viaje a Bariloche durmió bien “porque quería disfrutar de toda la joda micrera”, no les mintió. La cantidad de nervios era directamente proporcional a la falta de sueño. 3 de la mañana. Que voy al baño, que acomodo las valijas (ya en tu cuarto desde 15 días antes de la salida, por las dudas), dar vueltas en la cama, mirar el reloj.
El día anterior a la salida era el peor. Todos con nervios mandándose mensajitos, las chicas sobre todo, del calibre de “ hayy bludaaaa!!! Mñn a esta hra vamos a estar en el micro!!!”. Afortunadamente tuve un cumpleaños donde no se hablo de otra cosa que no fuera Bariloche. ¿Psicosis generalizada o boludeo atroz? Cuando volví a casa y apoye la cabeza en la almohada, sabia que mariano tal como lo conocía no volvería dormir en esa cama nunca más.
Temprano me levante ese 2 de septiembre para ver que las valijas tuvieran todo y no olvidarme de nada. Las agujas del reloj pasaban lentas. Cosa que no me importaba.
Al llegar al centro cívico, abracé a mis amigos que estaban ahí. Locos de alegría, felices e insultantes.
12.15 emerge el micro de la esquina de Mitre y Presidente Perón. Un aplauso y un grito de “ vamos!!!” generalizado. Muchas madres y padres dejaron ver lágrimas en los ojos.
12.45 la puerta se cierra con todos arriba. La euforia era total. Saludando desde la ventana, veíamos a nuestras familias convertirse en una masa uniforme y amorfa en el horizonte.
En lo particular, un año antes del viaje dije: “yo me siento en el primer asiento”. Todos decían que era el peor lugar, incomodo y que en caso de accidente, iba a salir por el parabrisas. No habíamos hecho 100 Km. Que más de una decena de mis compañeros me pedían que los dejara sentar en mi lugar, diciendo que estaba bárbaro y que era el mejor. Al final, terminaron todos sentados en el piso. No por mucho, porque el ayudante del chofer dijo que no podía haber sentados en el frente mas de 6 personas, “porque se le iba el micro a la mierda”.
Algo que no se puede omitir del viaje es el terrible e inhumano olor a pata, transpiración y demás hedores humanos. Peor que importaba: ESTRABAMOS LLENDONOS A BARILOCHE !!!.
Poco importaba la hora y el lugar donde estábamos. Luego de parar a cenar y para que nos baje la comida, nos pusieron la pelis “ y donde están las rubias” y “ este no es mi cuerpo”( la segunda mas recomendable que al primera). En fin, serian las 4 de la mañana cuando más o menos todo quedo en calma.
El amanecer nos agarro cerca de Piedra del Águila. El nudo en el estomago debía ser del tamaño de una pelota de fútbol. Un desayuno medio rápido y arriba todos. Ahora íbamos derecho y sin parada a nuestro sueño.
¿ Díganme si el mejor momento no es cuando, luego de llegar a la cima de una elevación en la ruta, Bariloche se dibuja inesperadamente? Y el infaltable “ llegamo’, llegamo’”.
Hay que decir que el día era lluvioso. Alegres nos paseábamos frente al grupo que se volvía, sabiendo que en días, nosotros íbamos a estar ahí. Un suculento almuerzo, al cuarto, el glorioso cuarto 205, una ansiada ducha y una merecida siesta a la espera de la joda.
Las luces de By Pass nos dejaron idiotas. El show de láser ,MORTAL, pero deberían cambiarlo, teniendo en cuenta que ese mismo show lo vio mi tía, egresada hace 19 años. La música electrónica hasta las 3 de la madrugada. Eso la verdad me canso y decidí irme.
Pensando un poco , los días se sucedieron lentamente. Pude disfrutar cada momento, cada canción, cada excursión, cada gota de aire que respiraba. Esta vez, el tiempo, acostumbrado a tantos cuestionamientos por su aparente fugacidad, fue indulgente.
A todos nos surgía en nuestro interior la misma pregunta ¿ donde estaremos en un año?. Nadie quería ni se molestaba en perder tiempo para saber la respuesta. Hoy era hoy.
Y muchos lo tomaron al pie de la letra, hecho que le valió a Bariloche el titulo de “Capital Nacional de las Guampas”. Cosa que a varios no les caía en gracia, sobre todo si era dueño de unas relucientes cornamentas.
Si los boliches hablaran, mamma mía!!!. Las cosas que se veían ahí. Miraba a una compañera besando a un chico y me acordaba de una vez que le decía al novio lo mucho que lo amaba y lo importante que era para ella.
De algunos se burlaban cuando se ponían en pedo, de otros de cuando hacían infieles a sus parejas, de mí porque dormía 5 horas( y decían que era mucho).
Como dije, disfrute TODO, no me falto nada. Me di mis gustos, grite, salte, empuje, robe( un gorro), mentí, putee y maté. Si, mate. Di muerte a mi adolescencia. Me dije a mi mismo que en ese lugar iba a estar mejor que en cualquier otro. No quería que mi alegría se borrara de un soplón al volver a San Vicente y darme cuenta de que una parte de mi vida se iba para siempre. Así que la maté. Prefiero creer a que sigue de joda en joda, de paseo por todos eso lugares increíbles que nos regaló Bariloche, y que si algún día vuelvo, ahí la voy a encontrar. Despreocupada, como si nada de lo que me paso en este año y pico le hubiera pasado, porque afortunadamente, no le pasó.
La última noche. Tuve la desgracia de cazarme una angina de 2 semanas a tos de perro a medio morir. Cabaña del Viejo W. ¡¡¡Que noche Tete!!!, sobre todo por los 10 grados bajo cero en los que dormimos porque la calefacción se rompió en el instante justo en el que llegamos. La cena de velas. Una milanesa de pollo( creo) y de postre, un abrazo a todos. Después, un show propiciado por el Gran Foca, un adolescente de 45 años. Las lágrimas de todos mis amigos quedaron en mi remera, como un trofeo invalorable. Después, los que se sentían bien se fueron a bailar en el agua. Mi destrozado cuerpo no lo pudo soportar.
La vuelta. A mi lado, mi amiga Joy lloraba desconsolada. Prefirió llorar hasta dormirse antes que ver como Barilo’ se desdibujaba. Y para peor de mí que quede despierto, veía como cruzaban los micros con más chicas y chicos con destino donde nos habíamos ido. No fue una tortura, pero era lo más parecido. Ya nadie cantaba, ya nadie reía. Ni siquiera nos hablábamos. Queríamos llegar a casa y nada más.
Y llegamos. Era un miércoles lluvioso. Un frío abrazo de despedida y hasta el lunes.
En los meses siguientes, todo era Bariloche. Todo se comparaba, todo se media, todo se degustaba en base a Bariloche.
La peor de las torturas es sin duda, cuando algo nos recuerda el viaje de egresados. Una brisa de aire, una nube, una remera, un poco de frío, despertar después de haber soñado haber vuelto, una canción. En fin.
Todo fue maravilloso. No hay duda de eso. Lo que tanto queríamos, se cumplió. Por eso se extraña. Parte de nosotros quedo allá impregnado en el aire, en las paredes del hotel, en el suelo que pisamos, aunque algunos se nieguen a aceptarlo.
Me dije unos meses después que debía seguir viviendo. Que un futuro me esperaba. Que hoy no termina, mañana empieza. Que la mejor manera de ser feliz, es viviendo cada instante al máximo sin preocuparnos demasiado. Como hicimos en Bariloche.
Y una foto mural, eterna burla del destino.....

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