jueves, 31 de julio de 2014

¡Volvimos!

Dos años y muchas cosas en el medio después volvemos a las andadas en este blog. Espero dure. Hay mucho para comentar y seguir recorriendo del ferrocarril. Para arrancar de nuevo, un tren de auxilio de Ferrobaires pasando por Domselaar el martes 29 de julio sentido ascendente.

¡Nos vemos pronto! 



lunes, 7 de mayo de 2012

Tren de TBA con problemas en los frenos

Nos cuenta una pasajera de hace instantes un tren de TBA ingresó a la estación Mitre prácticamente sin frenos, ya que venía regulando desde hacía rato y se sintió un muy fuerte olor a goma quemada antes de llegar a destino.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Una noche a Catriló


La 6628, en Darragueira.

Los primeros días de diciembre pasado me encontraron en General Pico. Iba hacia Catriló e hice noche en esa enorme ciudad, de generosas calles y frondosos árboles en todas partes. Había llegado a la medianoche y Nicolás, un amigo de un amigo, me esperaba en la terminal de micros. Nos fuimos a tomar un café y a charlar de nuestra pasión en común: el ferrocarril. Pico es, a pesar de no tener trenes de pasajeros, uno de los nudos ferroviarios de  la pampa: desde allí se pueden tomar las vías hacia Catriló, Huinca Renancó, Telén (sin tráfico, según me comentaron, no pude confirmarlo) y Olascoaga. Después de una larga charla, me fui al hotel al descansar.

A la mañana siguiente nos volvimos a encontrar y fuimos a conocer la estación, muy bien conservada por suerte por un grupo de entusiastas. Algunas fotos después, recordé que esa noche debería partir hacia el que era mi destino principal. Lo primero que hice fue averiguar en la terminal los micros hacia allá. 20.30 era el último. Buen horario para disfrutar un poco más la ciudad. Camino a buscar un lugar para comer algo, me pregunté: si llegara a pasar un tren de cargas para el lado de Catriló, ¿me llevará? Llamé enseguida a Nicolás y se ofreció acompañarme hasta la base operativa de Ferroexpreso Pampeano (Fepsa) para averiguar qué posibilidades había. “Puede que si. Conozco a algunos que trabajan en la base. Capaz tenés suerte”, me dijo.

En la base, el jefe de turno y su auxiliar mateaban mientras conversaban con el conductor de un tren, que informaba de un problema en una locomotora. Nicolás saludó al jefe muy afectuosamente y nos presentó. Le comentó de mi ocurrencia y enseguida contestó: “Hay un tren que pasa después de las 18. Dejame tu celu, te llamo cuando ande cerca y te subís”.  Cerca de las 21 recibí su llamado: “En media hora está en la estación. El tren no va a parar, pero baja la velocidad para que te subas”.

Con todo el bolso bien armado desde hacia rato, dejé el hotel y caminé las 4 cuadras que me separaban de la estación. Nicolás llegó unos minutos detrás mio. Faltaba poco para que fueran las 21.30, cuando de la curva de la vía que va hacia el oeste emergió una luz potente, acompañada de insistentes bocinazos para advertir su paso. En poco tiempo, el tren llegó a la estación y el conductor, advertido que yo iba a subir, me hizo seña para que le pase mi bolso. Lo agarró sin dificultad y corrí unos metros a la par de la locomotora hasta que conseguí treparme al estribo y subir. En la cabina me esperaban con mate.

Luego de charlar un poco sobre nuestras vidas, el conductor, que venía muy cómodo en la silla de su ayudante, quien iba conduciendo la formación, me cedió su lugar para que pudiera disfrutar del paisaje nocturno desde la ventana de la máquina. La “nena” en cuestión era la 6628, bautizada María Elena, que arrastraba sin problemas unos 35 vagones cargados de soja.

El cielo no podía estar más despejado. Una enorme luna blanca bañaba los campos y dejaba ver la inmensidad del paisaje que nos rodeaba. La luz de cabecera de María Elena guiaba el camino de hierro y su motor musicalizaba el momento: a veces más acelerado, otras más tranquilo, pero siempre con esos acordes inconfundibles que nos estremece el alma a más de uno.

La ronda de mates se cortó a eso de las 0.30, cuando nos faltaban pocos kilómetros para llegar a Catriló. Saludé a mis compañeros de viaje y me descolgué de la locomotora al andén. El conductor me pasó la mochila por la ventana, los saludé con la mano alzada y tocaron bocina un par de veces.
Crucé en medio de los vagones que estaban en la estación hasta una hostería donde pasé la noche. Eran los primeros días de diciembre. El fin de año no podía ser mejor.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Tren solidario a Jacobacci

Finalmente, más o menos entendí como viene la mano de la nueva interfaz del blog y logré subir las fotos.

En esta entrada les quiero comentar un poco del viaje a Ingeniero Jacobacci que hicimos en el Tren Solidario, hace ya más de un mes, para llevar ayuda por los inconvenientes que vienen afrontando por las cenizas volcánicas.
¿Qué más agregar que por un rato me sentí en el Lagos del Sur? El recorrido comenzó en Constitución y hasta la ciudad rionegrina no parábamos. Salimos con la GT 22 9048 de Ferrosur, dos coches primera y un turista de Ferrobaires. Era jueves. En Olavarría, cambiamos figurita con Ferroexpreso Pampeano, que nos asignó la 6613 hasta Bahía Blanca. En este tramo, llegamos a alcanzar los 117 km por hora, medido por un GPS de un amigo.
Cerca de las 12 de la noche, cambiamos de formación en Bahía: nos esperaba la 9070 con coche comedor, tres pullman y coche cine, todos del Tren Patagónico, luciendo su esquema nuevo. Acoplamos el turista, donde iban las donaciones para Jacobacci. La mañana nos encontró cerca de Stroeder y a las 11.30 llegamos a Carmen de Patagones. La locomotora invirtió marcha y de ahí, derecho al puente ferrocarretero que pasa por encima al Río Negro.
Dos puntos a destacar: la vía desde Bahía a Patagones estaba circulable hasta Stroeder, debido a que el polvo producto de la sequía había tapado las vías de ahí en adelante. Tren Patagónico se ocupó de destaparlas, tarea que Ferrobaires no había hecho en un año y medio de inutilización de ese tramo. Simplemente, canceló el tren desde Constitución a Patagones, haciéndolo circular sólo hasta Stroeder . Y el terraplén por donde circulaba el tren desde Patagones a Viedma, había tenido problemas por deslizamientos  de tierra por las lluvias hacía ya tiempo y también fue reparado oportunamente.
Ahora sí, cruzamos el puente y llegamos a Viedma. después de pasear 6 horas por la ciudad, partimos acoplados al tren que sale los viernes hacia Bariloche a las 18.
Si sumamos los coches que pertenecían al tren solidario, más los que formaban parte del tren regular, las bandejas automovileras, el coche discoteca, más media docena de vagones cerrados con las donaciones y mercaderías que lleva el tren siempre, sumaban 26 coches, sin contar la Alco RSD 35 que iba apagada y las GT 22 9070 y 9086 que traccionaban en conjunto. Un espectáculo impagable para nosotros, que nos gustan un poquito los trenes.
El viaje a Jacobacci terminó cerca de las 8 de la mañana del sábado. A las 10 estábamos en la estación de nuevo para viajar en la Trochita hasta Ojos de agua, un pequeño paraje perdido en la montaña, que es la primer detención de este servicio desde Jacobacci.
Sin extenderme más, el viaje a la vuelta fue igual de interesante, salvo que volvimos solos y no acoplados al Patagónico que volvía de Bariloche, porque al ser ese un fin de semana largo, no volvía a Viedma el domingo, sino el lunes.
Espero disfruten las fotos.
Un abrazo!



En Constitución, antes de partir.

La G 22 7902 apagada en los paragolpes del andén 13.

Una Braian y una GT, en Cañuelas.

Cabina de Cañuelas.

Un depósito abandonado en el empalme.

Una trampa al sur del empalme.

Cruzada con la 9049 con un pedrero.

Vía nueva en Monte.

Viejos carteles en Las Flores.

La 9012, apagada y acoplada a un carguero.

Otra cruzada.

La 9070, invirtiendo marcha en Patagones.

Subiendo el terraplén hacia el Ferrocarretero.

Vista desde el Ferrocarretero

La 9086 maniobra para armar el tren de las 18.


Los restos de la 9041 en San Antonio Oeste.

La Trochita, antes de salir.



La Trochita en Ojos de Agua.

La 9086 maniobra unos cerrados en la tarde de Jacobacci.

Una vaporera expuesta en una plaza de Jacobacci.

Un coche de madera parte de un tren de auxilio.

Herramientas y demás, cubiertos por las cenizas dentro del galpón de locomotoras.

La grúa que tienen dentro del taller.

Recién llegados a Viedma, a la vuelta.

El sol se pone en la entrada a Bahía Blanca, en el regreso.


Hay videos, que iré subiendo en los próximos días.

Gracias por pasarse por este desvío.

jueves, 21 de julio de 2011

¿Sube o no sube?

* Opinión

Cuando la presidente Cristina Fernández de Kirchner anuncio en febrero de 2009 que “se acababa la timba de las monedas”, puso en marcha un ambicioso proyecto: eliminar el uso de las monedas y billetes de manera directa de los trasportes públicos, para dar respuesta la creciente demanda de los metales y del papel moneda de baja denominación, muy de moda en aquellos días.

Sin embargo, demoras no tardaron el llegar: se prometió un plazo de tres meses para instalar en ómnibus y trenes dicho sistema, con sus correspondientes aparatos, tarea que hasta al día de hoy no ha concluido. El proyecto del Sistema Único de Boleto Electrónico (SUBE) es más importante de lo que aparenta: se trata de integrar la compra de pasajes de los diversos medios de transporte público a través de una tarjeta magnética, que sólo requiere ser recargada cada vez que el dinero disponible en ella se agota. Se evitan así las interminables colas en las ventanillas, se pasa de un sistema de transporte a otro con sólo apoyar la tarjeta en un lector y además, se facilita la circulación de dinero justo, sin fraccionar el peso en pequeñas cantidades para dar vuelto a un boleto de $1.85 que se abonó con un billete de $2, por poner un ejemplo.

A dos años de aquel anuncio recién se empieza a masivisar el uso del SUBE entre los usuarios, aunque pareciera que todavía hará falta más tiempo para que se extienda el uso de manera uniforme y productiva. Por caso, ya hay colectivos que tienen el SUBE instalado, pero tienen una faja en él desde el primer día que dice “No funciona”, como si la “timba” de la monedas siguiera su curso. Principalmente lo observé en líneas que van desde la ciudad de Buenos Aires al interior y las del interior. Otra cosa que estimo genera dificultades es que en el Conurbano, al menos hacia el sur, no hay suficientes terminales de carga de las tarjetas, cuyo listado pueden consultar en http://www.sube.gob.ar/CentrosDeCarga.aspx. Algunas empresas de colectivo habían instalado su propio sistema y tenían lugares donde se les podía poner más dinero, aunque ya están desapareciendo al calor del uso del SUBE.

Y si de trenes hablamos, por el momento sólo vi terminales que expenden boletos con SUBE en el Roca, en la estación Constitución, que no tiene terminales de recarga de las tarjetas en sus boleterías. Se debe descender hasta el subte y allí si se pueden recargar. En otro caso, los ferrocarriles operados por Trenes de Buenos Aires (TBA) todavía no tienen dispositivos SUBE en ninguna estación, lo que fue comentado vía Twitter por el vocero de la operadora ferroviario, Gustavo Gago. “Recién a fines de agosto se empiezan a instalar los dispositivos en las principales estaciones”, señaló en respuesta a la pregunta de una periodista. Raro en TBA este “atraso tecnológico”, siendo ellos los primeros en instalar expendedoras automáticas de boletos hace más de un lustro. Ferrovías ensaya un proyecto propio, la tarjeta “Lista!”, que según figura en su web, sólo se puede utilizar en tres estaciones de todo el ramal.

Esperemos que estas demoras finalmente redunden en un sistema bien distribuido, eficiente y que permita lograr una rápida conexión intermodal en beneficio de los usuarios.